[11] SOMOS NUESTROS DATOS

El día de hoy les traemos un programa muy curioso, y es que nos gusta mirar ahí donde a veces parece que no hay nada. Se habrán dado cuenta que hablamos mucho sobre los datos. Ahí están a toda hora: en el plan de datos del celular de tantos o cuantos megas. El video que viste ayer son datos. Las fotos de gatitos, más datos. ¿Un mensaje de voz?, datos también. Los resultados de un examen, los resultados de una prueba médica, son datos guardados en alguna parte. El dinero que tiene o debe un país, en realidad son solo datos almacenados en el sistema de alguien más. Este programa se transmite como datos analógicos y digitales.

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No siempre tenemos tiempo para pensar: ¿Qué son en realidad los datos, de dónde salen, qué incidencia tienen en nuestras vidas?. De la mano de Beatriz Busaniche de la Fundación Vía Libre, en base a información del proyecto “Yo y mi sombra”, y de un artículo muy interesante de Anita Gurumurthy: “Datos: la nueva palabra de cinco letras para decir feminismo”, abrimos la puerta de este programa de par en par.

Beatriz: “Bueno, mi nombre es Beatriz Busaniche, vengo de Argentina, trabajo desde hace unos 15 años en una organización llamada Fundación Vía Libre que es una organización que nació el año 2000, que trabaja el cruce entre los derechos fundamentales de la ciudadanía y la incorporación de tecnologías de información y comunicación a la vida social”.

“Los datos forman parte de lo que debemos preservar si queremos construir una sociedad democrática y plural. En general los derechos fundamentales de la ciudadanía --y dentro de esos derechos fundamentales el derecho a la privacidad y a la protección de datos--, forman parte de un contexto que es indispensable proteger para poder construirnos como sujetos autónomos, como sujetos libres, como sociedades donde podemos pensar libremente, construir nuestras autonomías libremente y para eso el derecho a la privacidad es un derecho fundamental, para construir mi propia identidad, mi propia autonomía, mi propio pensamiento, tengo que tener el derecho a poder ser dejada en paz, a que mi vida no sea intervenida ni por el estado, ni por las corporaciones, ni por mis vecinos".

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"Muchas veces cuando uno habla de la cuestión de la privacidad lo que recibimos inmediatamente es una respuesta de tipo “no tengo nada que ocultar, entonces no me importa que me vigilen” y esa es una respuesta muy tramposa, es un sentido común configurado que es la primera puerta a la pérdida de la privacidad, y una vez que uno pierde la privacidad empieza a perder otros derechos”.

"Además hay otro problema serio en la cuestión de los datos y la privacidad, y es que no se trata de un problema individual. Si yo personalmente quiero proteger mis datos, probablemente alguien de mi familia ya los haya entregado por mí en el momento que se los pidieron. Es un problema social y colectivo, y así debe ser abordado".

1. LA SOCIEDAD DATIFICADA

“Actualmente vemos muestras por todas partes de un crecimiento explosivo del volumen, la velocidad y la variedad en la producción de datos. El trabajo afectivo y cognitivo de nuestras interacciones sociales en línea produce una información invalorable para el capitalismo actual. Y tecnologías tales como la identificación por radiofrecuencia (RFID, por su sigla en inglés) e Internet de las cosas aseguran una inclusión digital total de lo físico. En términos de “datificación”, la posmodernidad enfrenta un dilema kafkiano: “¡Somos porque somos rastreados/as!””. (Datos, la nueva palabra de cinco letras para decir feminismo)

Somos rastreadas gracias a que vamos dejando cientos de rastros digitales todos los días y, al igual que los rastros físicos, algunos de estos rastros son intencionales y visibles como los correos electrónicos, entradas de blogs, tweets, fotografías, comentarios en youtube, o likes en facebook. Pero muchos rastros son invisibles e involuntarios: registros de nuestras visitas a sitios web y búsquedas, por ejemplo, o historiales de nuestra navegación o llamadas de teléfono. Cuando los rastros digitales individuales se juntan, pueden proporcionar mucha información sobre nuestras vidas - incluyendo detalles que asumíamos como privados, y una vez creados y enviados, escapan de nuestro control inmediatamente y generalmente acaban en manos de otros, alojados en servidores que no olvidan fácilmente. (Yo y mi sombra)

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Por ejemplo: tomemos un personaje ficticio, Andrea. Andrea vive en La Paz (Bolivia) y pasa la mayoría de sus días entre semana estudiando en la Universidad de San Andrés. Su teléfono informa sobre su localización desde ahí. Sin embargo, los viernes y sábados por la noche, su teléfono registra la localización Zona Calacoto hasta las 4:00 de la mañana y después la casa de Andrea en Miraflores donde generalmente duerme. La compañía de teléfonos mira los registros y así sabe que muchas personas que estudian en la Universidad de San Andrés y van a Calacoto también buscan en internet recetas vegetarianas y los últimos conciertos de Rock. Basándose en los movimientos de Andrea, la empresa que colecciona esos datos la etiquetaría como “vegetariana fan de música rock”, y vende “datos” como estos, haciendo dinero a partir de la vida privada de gente como Andrea. Otra empresa esta dispuesta a pagar por esa información, porque sabe desde hace tiempo que chicas como Andrea no miran mucha televisión y no prestan mucha atención a la publicidad. Con esta información, una corporación le ofrece a Andrea anuncios que van a llamar más su atención y por tanto estos datos son más interesantes para el mercado de la publicidad. Del mismo modo, la Universidad o el Gobierno podrían estar interesados en la lista de estudiantes que organizaron una huelga universitaria, por ejemplo. Adivinen cual es la forma mas fácil de conseguirla.

Esta huella digital crece cada día con nuestro uso de internet y teléfonos celulares, y mientras más grande, mayor es el detalle que proporcionamos sobre nuestras vidas, intereses y redes sociales.

Lo primero, me parece, es que sepas y tengas conciencia de que esto te está sucediendo ahora mismo; lo segundo es que elijas cuales datos quieres hacer públicos y cuáles no, y que tomes todo el control que puedas sobre tus datos. Porque sí, no podemos tener total control de nuestros datos, y esto porque no todos los datos son iguales, ni fueron creados en el mismo sitio, ni se almacenan en el mismo lugar.

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Pero, ¿Podemos escondernos en el mar de datos que nos rodea?

Volvamos al caso de Andrea. Si alguien conoce su nombre, podrá identificarla fácilmente. Pero si alguien, aunque no conoce su nombre, sabe que vive en La Paz, es mujer, morena, nació el 7 de julio de 1994, le gusta el café y pasa tiempo en la cafetería de la Universidad, podría identificarla con total seguridad.

El uso de datos de carácter personal de manera abierta en procesos como el Big Data, Open Data, o la transparencia del sector público, exige un ejercicio constante de ponderación entre el derecho a la información y el derecho a la protección de los datos personales. (La anonimización de los datos personales)

El Open Data, o Datos Abiertos, es una filosofía que tiene por objetivo poner a disposición de la sociedad los datos que gestiona la administración pública en formatos fáciles de manipular. Cualquier ciudadano o empresa podría entonces analizar, reutilizar y redistribuir estos datos.

El Big Data, o Datos Grandes, es la gestión y análisis de enormes volúmenes de datos que no pueden ser tratados de manera convencional, ya que superan los límites y capacidades de las herramientas de software habitualmente utilizadas para la captura, gestión y procesamiento de datos.

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En este contexto surge la anonimización como una herramienta para mitigar los riesgos que presentan la obtención y tratamiento masivo de los datos de carácter personal.

“Anonimizar datos” significa algo así como oscurecerlos un poco, despojarlos de cualquier tipo de vinculo personal que pueda identificar a una persona. Pero como nos muestra el caso de Andrea, la identificación se puede realizar combinando diferentes rastros digitales individuales para crear un perfil, tanto los datos de lo que dice y hace la persona como los metadatos de cuando, con quién, y desde donde hace lo que hace o dice lo que dice. Para anonimizar ese rastro, Andrea puede por ejemplo cifrar el contenido de los datos, ocultar o directamente borrar los metadatos de los documentos o la información, o simplemente, reducir los datos y metadatos que genera en cada momento del día.

Puedes pensar, “¡bah! con tantos datos, como alguien se va a fijar en mí”. La noción de “esconderse en un mar de datos” viene de la idea de que la organización y análisis de datos es realizada por personas. Ésto ya no es más así hoy en día, puesto que el análisis de datos es realizado por computadoras del tamaño de grandes edificios casi, que son capaces de procesar un gran volumen de datos en busca de patrones y correlaciones para realizar inferencias y predicciones. (Yo y mi sombra)

2. ALMACENAMIENTO Y PROCESADO DE DATOS

Una metáfora del mercado que se ha extendido mucho es eso de “la nube”, como un espacio donde mágicamente se almacenan nuestros datos. Pero como escucharemos a continuación, la nube no es más que la computadora de otras personas:

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“Posiblemente sea causa del nombre escogido para bautizarla, pero mucha gente tiende a imaginarse la nube como una suerte de lugar etéreo donde van a vivir nuestros archivos flotando por encima de nuestras cabezas en cables de internet. Por esta misma razón solemos tener una especie de confianza ciega en la seguridad que ofrece respaldar nuestros archivos en la nube. En la tecnología actual la nube es tan omnipresente en nuestras vidas que simplemente se ha convertido en una de esas cosas que damos por sentado. Todas las aplicaciones de tu smartphone están basadas en la nube, pero no nos detenemos a pensar ni por un momento en la seguridad de la información que almacenamos en ella. Aunado a ello, como usuarios estamos sujetos a unos términos de servicios que prácticamente nunca leemos pero que por lo general liberan a las compañías de toda responsabilidad con respecto a la pérdida de estos datos y además les otorgan poder para terminar el servicio que nos prestan en cualquier momento incluso sin justificación. Por supuesto no es lo mismo confiar en Google que presta un servicio por lo general gratuito y en sus propios términos, a confiar en un proveedor de servicio que estemos contratando para un determinado propósito, y cuyas condiciones probablemente podremos negociar un poco más. En principio, contratar un servicio de almacenamiento en la nube es teóricamente más seguro que un respaldo físico, puesto que quienes prestan estos servicios garantizan cierta redundancia, lo que significa que si se pierde, daña, o corrompe una de las copias, debería haber varias más en otros lugares. Pero nada de esto nos protegerá si lo que sucede es que la propia compañía decide desaparecer nuestros datos. El caso es que en efecto, la nube es solamente el disco duro de otra persona, por lo general de una compañía que te presta un servicio de almacenamiento. Si bien es cierto que tener respaldos en la nube nos concede ciertas ventajas, en particular, poder acceder a nuestra información desde ubicaciones remotas, sino que además hoy en día es prácticamente inevitable. No hay absolutamente ninguna duda de que es mucho más seguro mantener un respaldo adicional en un dispositivo al cual podemos acceder físicamente, confiar en internet como tu único archivo, es simplemente peligroso". (InterUAT)

Beatriz: “El tema del registro, no es solo el guardado de datos, que es preocupante, sino además la capacidad de cruzar esos datos. Lo voy a abordar con un ejemplo muy concreto: una lucha que llevó muchos años a las democracias y a los movimientos de derechos civiles fue lograr el secreto del voto. La posibilidad de votar en secreto es una cuestión clave. Sin embargo hoy en día, con la cantidad de datos que vamos dejando, es posible hacer un perfil que permita prever por quien vas a votar, en función de qué tipo de diarios lees, a qué tipo de personas sigues en las redes, a qué tipo de artículos le das “me gusta” [estos datos] permiten prever de algún modo, hacer un perfil, de si eres progresista, si estás a favor de los derechos de las mujeres, si eres conservadora, si eres votante de un lado, del otro, si te identificas con una determinada forma de pensar, incluso antes de que vos misma sepas que estás identificada con esa forma de pensar. Eso es muy peligroso, porque permite manipular a la sociedad de una manera nunca antes vista.”

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“Quienes venimos de la comunicación hemos estudiado mucho esto de que hacen los medios con las personas y que hacen las personas con los medios, y lo cierto es que en este momento tenemos una situación en la cual a través de los datos que se almacenan, hay muchas cosas que se pueden hacer con las personas sin que las personas se den cuenta. Ser alimentadas con una serie de informaciones de determinado tipo, recibir propuestas de compras de determinados productos, recibir informaciones segmentadas en una burbuja en función de cuáles sean tus vínculos, todo eso está pasando y está además mediado por algoritmos.”

“Ni siquiera es que hay una persona que está diciendo “ah es que este es indígena, es migrante, es mujer...” no, hay algoritmos que van definiendo tus perfiles y en función de esos algoritmos que definen tus perfiles sos puesta en un grupo de interés o de otro. Eso puede tener interés comercial para las empresas, puede haber segmentación de precios en función de tu capacidad de pago, o en función del interés que vos puedas tener en ese producto. Pero también puede haber control político, es decir, ese almacenamiento además permite hacer investigación hacia atrás. Cuando se hace inteligencia, espionaje o investigación policial, una persona se vuelve el objeto de la inteligencia, de la investigación, a partir de un determinado suceso. Entonces es a partir de ese suceso que puede ser vigilada por las fuerzas de seguridad, o vigilada por la inteligencia y demás. Con estos sistemas no hace falta volverse un target de la vigilancia. Ya estás siendo vigilada. En el momento que te vuelves un target tienen todo tu historial para ver hacia atrás. Entonces es un tipo de vigilancia, un tipo de control social mucho más invasivo, mucho más masivo. En la inteligencia prototípica del siglo XX un oficial de inteligencia seguía a un determinado objetivo, pero ahora, alguien quiere hacer inteligencia y tiene a ese objetivo y tiene a toda su red de contactos, toda su red de amigos, y tiene todo puesto ahí de una manera más sencilla y con tecnologías que permiten procesar.”

“No es sólo el guardado de datos, es la tecnología que permite procesarlos y la inteligencia que se le aplica al dato, es toda una trama muy peligrosa en la cual nosotros como ciudadanos estamos insertos desde el consumo y no desde la conciencia política.”

3. ACCESO A DATOS Y CONTROL DEL MERCADO

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“El acceso a datos de comportamiento social es fundamental para el control monopólico de los mercados. Tomemos, por ejemplo, el caso de Monsanto. En 2013, adquirió la empresa de datos científicos Climate Corp, con la intención de consolidar su poder de mercado monopolizando el acceso a valiosos datos sobre ciclos productivos del campo. Monsanto, que empezó siendo una compañía de productos agrícolas, pasó ahora a dedicarse a inteligencia de mercado y prevé una ganancia de 20 mil millones de dólares. Como es evidente, el control de los datos le permitirá a esta controvertida empresa (que se auto-define como una firma agrícola “sustentable”) el tener una influencia directa en la toma de decisiones a nivel de granjas y productores y productoras agrícolas, diciéndole a clientes y clientas qué deben comprar.” (Datos, la nueva palabra de cinco letras para decir feminismo).

Beatriz: “Desde nuestros pequeños lugares, que parecen pequeños pero que muchas veces no lo son, si logramos tener incidencia, logramos que las personas empiecen a tomar conciencia de que la cuestión de la privacidad es un tema político y colectivo, y no individual ni técnico. Aquí no hay un problema de tecnologías, hay un problema de economía, de política y de modelos de negocios. Si logramos tomar esa conciencia política de que el problema es colectivo vamos a empezar a cuidarnos un poco más, vamos a empezar a tener un poco más de incidencia en aquellos que hoy día no aprecian este derecho porque o ya lo dan por perdido o simplemente creen que por no tener nada que ocultar su privacidad no vale nada. Como dijo Snowden hace un tiempo, una frase que me gustó mucho de él, “aquel que dice que no le importa la privacidad porque no tiene nada que esconder, es igual que aquel al que no le importa la libertad de expresión porque no tiene nada que decir”. Es muy difícil luchar por un derecho que la gente no quiere defender y cuando la gran mayoría de un país, no cree importante proteger los datos personales, entonces el primer trabajo que hay que hacer es la conciencia pública. ”

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Vamos llegando al final de este programa. El día de hoy hemos realizado un recorrido breve pero intenso a través de (casi todo) lo que rodea a los datos digitales. Nuestro punto de partida ha sido afirmar que somos una sociedad datificada en tanto nuestra interacción con el mundo físico produce grandes cantidades de datos que por lo general son almacenados en la nube, que no es más que computadoras de gran potencia en algún espacio físico que no siempre conocemos. Cuando esos datos se asocian dentro de un contexto específico, pasan a convertirse en información, ya que ofrecen un significado y aportan conocimiento ante una situación. Este tipo de información permite que seamos rastreadas, estudiadas, clasificadas y gobernadas. Este rastreo a la vez permite que seamos manipuladas políticamente, comercialmente, o ideológicamente.

Las grandes corporaciones, los gobiernos y los aparatos militares son por lo general quienes almacenan estos datos y quienes tienen la capacidad de análisis para convertirlos en información. Algunos de ellos la usan para espiar y vigilar a la población y en especial a grupos disidentes y activistas; mientras que otros la usan para incidir en el mercado y maximizar sus ganancias. Esto dice mucho acerca del desequilibrio y la injusticia que existe en el acceso y la posibilidad de aprovechar el Big Data en pro de los intereses sociales, económicos y políticos de nuestras comunidades. Al respecto, el Open Data es una iniciativa que promueve poner a disposición de la sociedad los datos que gestiona la administración pública en formatos fáciles de manipular. Sin embargo los gobiernos y estados están lejos de tal transparencia en la gestión de sus datos por razones obvias que tienen que ver con la corrupción.

¿Qué nos queda por hacer? Bueno, en principio valorar más nuestro derecho a la privacidad. En el momento en que caemos en el juego del miedo de los gobiernos e intercambiamos privacidad por seguridad, hemos perdido la batalla. Cuidar nuestros datos y aprender a tener control sobre los que podemos controlar. Incidir en afrontar el tema de la privacidad desde nuestras colectividades y no de forma aislada son otros pasos que podemos que dar.

El camino a más largo plazo es pelear por gobernar nuestros propios datos, y una forma equitativa y autogestionaria de conseguirlo es la descentralización de la información. De hecho varios aspectos de las redes P2P o peer to peer, que son una serie de nodos que se comportan como iguales entre sí, ya funcionan de forma descentralizada sin clientes ni servidores fijos. La idea de gestionar nuestros datos en fondos comunales por ejemplo no es nueva, solamente queda aún camino para hacerla realidad.

Más en próximos programas, hasta aquí el de hoy. Gracias Beatriz y a todas las personas que nos siguen también gracias por acompañarnos. Nos vemos el mes que viene con un programa mas underground.

NUESTRAS FUENTES

EN TEXTO

EN AUDIO

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