PENSAMIENTOS SOBRE CIBERFEMINISMOS Y ESPACIOS RADIOFÓNICOS

TRANSCRIPCIÓN DEL AUDIO

Muy buenas a todos y a todas, que alegría aparecer como un pixel más en este Mozilla Fest 2017, y estar con ustedes ahí en Londres aunque sea en esta forma re-codificada.

Déjenme que me presente: soy boliviana de origen y formo parte de La Imilla Hacker, imilla es la palabra quechua/aymara que quiere decir niña o mujer joven. Somos un colectivo de mediactivistas que quiere hablar sobre tecnología de otras formas. En parte porque nos entusiasman las mediaciones maquínicas para realizar ciertos programas a la vez utópicos y realistas. En parte también, porque tratamos de contrarrestar la tecnopolítica machista y capitalista, esa práctica que limita el diseño y nuestra apropiación de las tecnologías de la información y de la comunicación.

Entre otras cosas, producimos un programa radiofónico al que llamamos El Desarmador. Desde ahí intentamos analizar con una mirada crítica y feminista las herramientas tecnológicas que tenemos a nuestra disposición para interactuar en el mundo digital, abordamos temas relativos a la privacidad, anonimato, vigilancia, violencia de género en internet, y el monopolio de las infraestructuras de comunicación. Por sobre todo desarmamos para volver a armar, que es nuestra forma hacker de interactuar con el mundo.

El día de hoy quiero compartir con ustedes algunos pensamientos en torno a cuan relevante es reclamar y revitalizar los espacios radiofónicos como nodos descentralizados de aprendizaje y organización social, y quiero hacerlo desde mi visión de mujer latinoamericana, ciberfeminista, y desde mi breve experiencia haciendo El Desarmador.

Quiero que recordemos que antes de que esta red de redes invadiera cada espacio de nuestro existir, proliferaron otras formas masivas de comunicación e información analógicas, y una de ellas fue la justamente radio. En el altiplano boliviano, alrededor de la década de los 50 del siglo pasado, comenzaron a expandirse las radios mineras como potentes herramientas de organización para la lucha social; creadas, financiadas y controladas por los trabajadores mineros y por las amas de casa de los campamentos mineros. Fue tal su importancia y alcance que durante el golpe de estado de García Meza en 1980, el primer objetivo militar fue tomar todas las radios, junto a la televisión y los diarios. Radio tras radio, y quienes las defendían fueron cayendo a manos del ejército, y antes de ser abatidas por las balas de los militares, las estaciones iban pasando la señal a otras radios para que siguieran transmitiendo.

Pero la radio como medio alternativo y revolucionario de comunicación ha perdido momentum, la verdad es que vivimos en otras épocas: la sobre-abundancia de información y la hiper-conectividad desplazan el terreno de los antiguos medios masivos de comunicación, y a la par surgen otros movimientos sociales más trans-culturales y trans-fronterizos, donde la infraestructura que posibilita esta comunicación es bastante más abstracta y con juegos de poder bastante más intrincados.

Uno de los movimientos que vienen desde hace tiempo ganando espacios en el mundo virtual es sin duda el ciberfeminismo, entendido sintéticamente como el conjunto de comunidades feministas cuya variedad de intereses pulula en torno a las tecnologías y a internet.

Teniendo esto en mente quiero preguntar: ¿qué puntos de encuentro se generan entre el ciberfeminismo como una dimensión virtual de acción, y la radio como un espacio telemático, analógico y hasta arcaico de difusión? y ¿porqué necesitamos establecer estas equivalencias y estas conexiones?.

Uno de los autodeclarados principios feministas de internet habla del acceso universal, asequible, irrestricto e igualitario a internet como una forma más de empoderar a mujeres y personas queer. Es un principio a reafirmar ya que la realidad en Latinoamérica es que internet en general es caro y lento por comparación a la conectividad en países del norte, la mayor parte de las personas se conecta por telefonía móvil enfrentando un escenario más riesgoso en términos de seguridad digital, quienes acceden a la red lo hacen más desde el consumo de información que desde la producción de contenidos, y se conectan a la red más hombres que mujeres. Entonces sí que necesitamos cuestionarnos qué papel juegan otros espacios de comunicación en esta era digital y cómo podemos articularlos desde los feminismos. Porque las mujeres hacemos eso muy bien: sabemos tejer.

Hablamos de tecnologías apropiadas: tanto en el sentido de ejercer control sobre la información que generamos, como de la gobernanza de las infraestructuras por las que circula esta información. Esto incluye los costos materiales y sociales de poder instalar, mantener y reparar esa infraestructura de forma autogestiva y desde el haztelo-tu-misma. La radio analógica aún posibilita estos fines. Por un lado, ofrece mayor autonomía a la hora de gestionar la infraestructura y da mayor cabida a la gestión comunitaria del medio (al día de hoy por ejemplo se pueden armar transmisores y emisores por menos de cien euros). La capacidad de montar antenas y estaciones de emisión es muy asequible en lo técnico. A nivel local, una vez comenzamos a emitir el material, cualquiera con un receptor barato puede escucharnos de forma anónima; sin control, sin contratos, sin registros.

No se puede comparar la capacidad de difusión de internet y de la radio, los públicos que se nutren de ambos medios son diametralmente opuestos. Contextualizando a la región latinoamericana sabemos que la radio tiene mayor entrada en los hogares y por lo general la escuchan los obreros y trabajadoras mientras realizan sus labores: algunas cosas no cambian mucho. En este sentido y como ciberfeministas nos toca prestar atención a estos espacios para la difusión de contenidos y mensajes que reflejen nuestra resistencia y nuestros cuestionamientos a la lógica del capitalismo machista y neoliberal, por ejemplo en temas tan enrevesados en la región como la violencia de género, el estigma en torno al aborto, o la defensa del territorio de las comunidades indígenas; y nos toca hacerlo a la par que construimos estos mensajes con otras ciber-compañeras en nuestras comunidades virtuales, hiper-globalizadas.

Reconocemos que el territorio del ciberespacio es acá un aliado clave, un cónclave clandestino donde, sin tener que viajar físicamente, podemos reconocernos como aliadas y elaborar conjuntamente líneas de fuga que arraiguen ahí abajo, en lo profundo, en la tierra y en el día a día.

Necesitamos como feministas participar de esta red descentralizada que elabora contenidos desde abajo y para abajo. No se trata solamente de re-habitar el espectro electromagnético como un territorio aún valioso para difundir nuestro discurso, sino de rescatar su importancia como un espacio educativo y popular. Al igual que ocurre con internet, entendido desde los principios feministas como un espacio público y político transformador, la radio es un medio clave de información, comunicación y emancipación que debemos reivindicar. Al hacerlo podemos tender puentes entre las rupturas con el orden establecido que vamos generando desde nuestras comunidades en línea (como el ciber-trans-hack-feminismo), y las lógicas arcaicas y religiosas de relacionamiento humano que rigen aún hoy en día en gran parte de nuestros países.

Tender estos puentes es de gran importancia no solamente a nivel discursivo/ideológico, sino a nivel humano también. Hay que recordar que existen personas y colectividades que están en terreno apoyando desde los medios libres y la comunicación alternativa a los movimientos sociales, contrarrestando la hegemonía de los medios masivos de comunicación vendidos a los gobiernos de turno. Estas personas por lo general trabajan desde la precariedad, desde la autogestión, la clandestinidad, y el anonimato. Entonces también como ciberfeministas y desde nuestra cómoda y conveniente conectividad nos toca apoyar y fortalecer estos procesos de emancipación comunicativa, articulando nuestros accionares en torno a estas realidades.

Todos estas reflexiones fuimos perfilando en colectividad mientras avanzábamos con la producción de nuestro podcast. Nos sentimos llamadas a hacer radio de forma intuitiva, y ahora nos sentimos llamadas a invitar a más personas a politizar y debatir desde una postura ciberfeminista nuestro uso de las tecnologías. Pensamos que en Latinoamérica sí que existe una creciente necesidad de análisis y reflexión en torno a estos temas, aunque no existen suficientes espacios autónomos y seguros para hacerlo.

Los retos de esta época tan particular en que existimos están a nuestra altura. Nos queda ponernos manos a la obra y seguir tejiendo.

radiociberfeminista